Si estas pasando por un momento en el que te sientes distante con tu pareja, tranquilo/a, no te alarmes. No es tan extraño, que en algún momento de vuestra relación de pareja, sucedan momentos de distanciamiento y falta de pasión.

La mayoría de parejas llegan a un punto en que la pasión y el fuego iniciales van disminuyendo, y entonces la relación o bien muere, o bien se transforma en otra cosa. Aunque a priori este momento pueda parecer negativo, y a veces incluso puede llevar a que la relación se termine, si somos capaces de trascender este desafío, se convierte en un momento precioso. Así es. Para mí, éste es un momento mágico, en el que cada miembro de la pareja se pregunta si realmente quiere hacer un paso más en la relación de pareja, y si es realmente con la persona con quien está, que desea hacer un camino juntos, y compartir su vida (o una parte de ella, pues esto a priori nunca se sabe). La realidad es que solo cuando desaparece la llama inicial de la pasión, y el efecto del enamoramiento se desvanece, tenemos la capacidad de ver a la otra persona tal cual es, con sus virtudes y sus potenciales, y con sus defectos y heridas. Y si aun así, nos gusta y decidimos apostar por ella, y ella por nosotros, se genera un afianzamiento de la pareja. Entonces, el reto de ese momento es el de avivar la llama de la pasión, pero no desde el enamoramiento inicial, sino desde la decisión consciente y firme de amar al otro tal cual es. Y para ciertas personas, este momento no resulta fácil.

Aunque este es un momento habitual en la configuración de las parejas, no es el único momento que suele suceder este distanciamiento. Hay también otros momentos en la vida de las parejas, en el que la llama puede disminuir, como podría ser durante el embrazo, el postparto o la llegada de un hijo, el exceso de trabajo, la menopausia, enfermedades graves, estrés prolongado, problemas familiares y otros conflictos derivados de la vida misma.

Por lo tanto, un apaciguamiento de la llama y de la pasión inicial después de un tiempo, o en momentos concretos, es totalmente normal. Aun así, si se pierde la intimidad, la proximidad y las ganas de estar con el otro, o este momento se alarga mucho en el tiempo, es probable que algo no esté fluyendo.

El distanciamiento que podemos llegar a sentir puede ser físico, lo que se traduce en pocas ganas de contactar con tu pareja a través del cuerpo, mediante los abrazos, los besos, las caricias, el contacto físico y la sexualidad. El distanciamiento puede también ser emocional, y este se manifiesta con pocas ganas de compartir, de hacer cosas juntos, de comunicar lo que sientes, y de crear espacios comunes de acompañamiento. Y finalmente, el distanciamiento puede ser mental, y manifestarse en forma de juicios, incomprensión, reproches, diferencia en los valores de vida, y dificultades para crear un proyecto en común.

Pues bien, la buena noticia es que podemos transformar estos momentos de distanciamiento en oportunidades de crecimiento, para cada uno de los miembros de la pareja y para la pareja en conjunto, y así reforzar el vínculo, que es la base de una buena relación.

Sí, has oído bien. Detrás de la mayoría de distanciamientos, al igual que detrás de la mayoría de problemas, si los superamos y aprendemos de ellos, hay siempre un regalo, una mejora, un avance. Y en esto os puedo acompañar, pues es siempre más complicado hacerlo los dos solos, que acompañados.

 Susana Ros Marti

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