“Deseo tener pareja para no sentirme solo/a.

Cuando tenga pareja seré feliz.

Necesito estar en pareja para sentirme bien.

Si no tengo pareja no me siento amado/a.”

¿Has escuchado alguna vez frases de este estilo?

Imagino que sí.

¿Y qué tal si te digo que todas estas frases son falsas?

Que sentirte acompañado/a, feliz y bien no depende de tener pareja, sino de sentirte acompañado, feliz y bien contigo mismo/a. Que una buena relación de pareja puede favorecer el sentirte bien, acompañado/a y feliz, pero que en ningún caso determina tu sensación de estar acompañado/a, y que ni tu felicidad ni tu bienestar dependen de tener pareja. Es evidente qué, si una relación de pareja es satisfactoria para ambos miembros, probablemente los dos se sientan a gusto, felices y bien acompañados, de esto no cabe duda. ¿Pero cuantas veces no sucede así? Estar en pareja implica escucharse y presenciarse, dar y recibir, compartir, negociar, comprenderse mutuamente, comprometerse… ¡Y todo esto no siempre resulta sencillo!

La mayoría de veces, las parejas actúan como un espejo, reflejándose aquello que no es tan consciente ni evidente a simple vista.

Como ya hemos visto en otros artículos, todos (hombres y mujeres) tenemos, dentro de nosotros, nuestra parte masculina y nuestra parte femenina. Las mujeres somos conscientes de nuestra parte femenina, mientras que el lado masculino está escondido (en el inconsciente), mientras que para los hombres es al revés, su masculino es consciente, y su femenino inconsciente. Así, para que las mujeres puedan ver y reconocer su lado masculino, ellas necesitan verse reflejadas en los hombres, mientras que los hombres necesitan verse reflejado en las mujeres, para descubrir su lado femenino.

En este relacionarse, aparece la ley del espejo. Esta ley nos dice que aquello que ves en el otro, y que no te gusta, refleja una parte de ti con la que no estás en paz, ya sea porque tú también eres aquello que te muestra el otro, pero no lo reconoces en ti, ya sea porque tú eres todo lo contrario, y por lo tanto estáis el uno en oposición al otro. También puede acontecer que tu pareja te refleje heridas del pasado que aún están por sanar, ya sean familiares, laborales o relacionales, sean conscientes o inconscientes. Acordaros que más del 90% de nuestros pensamientos, emociones y acciones están codificados en nuestro inconsciente. Es por todo ello que no es tan simple como parece estar bien en pareja.

La buena noticia es que tu pareja, al igual que te refleja tus sombras, también te refleja tu luz, los aspectos positivos de ti mismo/a. Por lo tanto, todo aquello que te gusta, aprecias o admiras de tu pareja, también forma parte de ti.

Para estar feliz y sentirte en paz en pareja, conviene reconocer y agradecer los reflejos luminosos, y a la vez transformar los reflejos de las sombras en oportunidades para tomar consciencia de uno/a mismo/a y poder transformar todo aquello que nos disgusta y nos hace sufrir, en aquello que nos satisface y genera serenidad.  Cuando vemos los reflejos que no nos gustan como una invitación a aprender y a mejorar como personas, tenemos la posibilidad de iluminar nuestras sombras, para así desarrollarnos como personas y crecer como pareja.

Espejito, espejito mágico… ¿Qué me reflejas?

 

Susana Ros

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